Estreno mundial del video clip MALLAS MALLAS.

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Estreno mundial del video clip MALLAS MALLAS.

Después de más de un año trabajando en la estación espacial internacional, en un proyecto súper secreto para la NASA, vuelvo a mi casa en la red.

Y para celebrarlo,  el estreno del esperadísimo y casi nostálgico  videoclip del temazo MALLAS MALLAS,  de Rosa González, compuesto para el cortometraje DENTRO DEL ARMARIO.

CARTEL

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VIDEOCLIP

       (video clip dirigido por Moisés Martín).

(El proyecto súper secreto será desvelado en próximas ediciones).

SERIE M OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

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ESTRENO, DENTRO DEL ARMARIO.

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DENTRO DEL ARMARIO.

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SINOPSIS

Eva tiene trece años, es huérfana y vive bajo la opresión de una monja homófoba. De forma inconsciente y desesperada buscará la liberta dentro de un colegio religioso lleno de puertas cerradas. Cuatro actrices, cuatro personajes femeninos, cuatro universos unidos y separados por una vieja televisión escondida dentro de un armario.

 

 

Ficha artística:

Adela Nsonic        Eva.

Diana De María      Somala.

Rosa González       Conflictiva Sin Remedio.

Melani Olivares     Hipócrita Súper Falsa.

Analía Ivars        Locutora.

FOTOS DEL RODAJE:

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(Melani Olivares caracterizada de Hipócrita Súper Falsa).

 

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(Diana De María caracterizada de Somala).

 

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(Adela Nsoni es Eva).

 

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(Rosa González es Conflictiva Sin Remedio).

 

SERIEM OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

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LAS AVENTURAS DE TINA Y DITA II (LA VENGANZA ALIADA).

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LAS AVENTURAS DE TINA Y DITA II (LA VENGANZA ALIADA).

Las Aventuras dos.

Sinopsis.

Érase otra vez  Tina y Dita, desesperadas por trabajar en el cine, la madre, malvada y antigua estrella del destapa y un nuevo amigo de la familia, Napoleón Bonaparte, diseñador de moda. Un secreto de familia, un tesoro mágico, un sueño inalcanzable, una ansiada venganza   y un malévolo  plan: matar a Pedro Almodóvar.

 

Ficha artística:

Con la colaboración especial de Roberto Cairo como Napoleón Bonaparte.

Marien Bosch………………………Tina.

  Dolores Vera…………………………Dita.

                        Diana de María…………………….Verónica Cooper.

 

FOTOS DEL RODAJE

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(Roberto Cairo, interpretando a Napoleón Bonaparte en el infierno, conspirando contra Pedro Almodóvar).

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(Verónica Cooper, interpretado por Diana De María, Chantajeando a Pedro ALmodóvar).

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SERIEM OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

 

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EL HOMBRE DE LOS TRES CEREBROS

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PRÓXIMAMENTE EL SEGUNDO CAPITULO DE “EL HOMBRE DE LOS TRES CEREBROS”.

SERIE M OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

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DENTRO DEL ARMARIO, EL CORTOMETRAJE COPROTAGONIZADO POR MELANI OLIVARES, HA SIDO SELECCIONADO EN “ESPACIO ENTER”.

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DENTRO DEL ARMARIO, EL CORTOMETRAJE COPROTAGONIZADO POR MELANI OLIVARES, HA SIDO SELECCIONADO EN “ESPACIO ENTER”. Festival International Creatividad, Innovación y Cultura Digital.dentrodelarmario2

DENTRO DEL ARMARIO formará parte  del catalago de festical internacional de Canarias  octaba edición año 2016. La muestra que da comienzo hoy doce de diciembre durará hasta el diecinueve de diciembre. Una semana donde se proyectaran obras de los cinco continentes y  de muchas disciplinas.

http://www.espacioenter.net/2016/IMAGEN_DIGITAL_prom6.htm

Producciones Desesperadas, SerieM y un servidor agradece a todo el equipo del cortometraje el esfuerzo invertido en poner a la criatura en su camino. La andadura  ha comenzado, enhorabuiena y mucha suerte.

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 (El equipo artístico en  el  estreno del cortometraje en Madrid).

SERIE M OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

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El sábado es domingo en Roma.

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 El sábado es domingo en Roma.

 

Capítulo 1: En tierra hostil.

Fecha: 31 de agosto de 2016.

Escenario: El palacio Cipolla, en la avenida del Corso trescientos veintitrés, en la ciudad de Roma, Italia.

Ataviado con mis peores galas (un arreglo para combatir la inesperada lluvia), mi acompañante, Mery. J, y yo,  entramos expectantes al museo donde exponían la obra del polémico artista Banksy. Conocí al británico cuando creó, en mi opinión, una de sus obras más impactantes: El parque Dismaland.

Capitalismo, guerra y libertad llevaba por título la exposición; no conocía en profundidad la trayectoria de Banksy,  me resultó interesante la mayoría de sus obras, algo monotemático en el conjunto y quizás, al menos para mí, algo confuso en el concepto, sobre todo en el de la libertad. Tanta reivindicación me dio hambre; antes de ir a comer pollo frito al “kentucky Chicken” (mi pequeña rebeldía contra Banksy y su peculiar visión del capitalismo), pasamos por la tienda de regalos para comprar  algunas plantillas, paseé por el espacio buscándolas; al no encontrarla me dirigí al mostrador a preguntar a la dependienta, una romana de unos cuarenta años, de piel gastada y quemada. Tenía cara de no haber comido nunca, ni bebido tampoco, ese gesto que se les queda a las personas que han hecho dietas todo la vida y aprietan fuertemente los labios para que ninguna caloría pueda entrar. Ocultaba en una trenza una larga melena castaña cuyas puntas fritas se movían como una araña esquizofrénica por toda su espalda.

-“Ciao, buona sera. Ciao buona sera”- repetí creyendo que no me oía.

La hambrienta me miró de forma hostil, sin pronunciarse. Su boca seguía herméticamente sellada.

-¡Hola! –Exclame exigiendo un mínimo de educación.

La romana seguía mirándome fijamente como si quisiera gasearme.

-¿Las plantillas de Banksy? Por favor- pregunte sin esforzarme lo más mínimo por hablar su idioma.

Comenzó a gritar y a maldecir en italiano. Movía las manos con grandes espavientos. Aquella bestia vikinga sacó un montón de plantillas ocultas bajo el mostrador  y las tiro violentamente sobre el tablero de metal envejecido.

-¡Eh tú, maldita zorra romana, deja de gritarme o te arrastro de la trenza por toda la plaza de Venecia!- me hubiera gustado vocearle sacando mi lado más chungo y poligonero. En su lugar me mordí mi lengua viperina y todo lo sereno que pude le dije: “Pero si va a resultar un problema… déjelo. La dependienta, convertida ahora en la villana del relato,  me miró helada e implacable y dijo: “guardare ai modelli”. Que quiere decir mira las plantillas y cállate maricon.

 

Hice lo que me dijo. Miré todas las plantillas, y cuando estaba a punto de escoger dos, me di cuenta de que las ilustraciones no tienen el precio. En mi cabeza comenzó a sonar una música, esa que suena en las películas de terror cuando el asesino se acerca a desvalida víctima. Con esa banda sonora en mi mente levante la cabeza y busque con la mirada a la señora, que permanecía impasible clavándome sus maliciosos ojos desde el otro lado. Agache la vista, cerré los  míos, respiré con fuerza, reuní  todo el valor que me fue posible, levante la cabeza y la mire directamente, pero  mi antagonista estaba, solo, a 10 centímetros de mí, podía sentir su respiración húmeda en mi frente.

-¡Joder! – Grité asustado.

-¿Qué? – Preguntó entonando a la perfección la voz de Hannibal Lecter.

-No tiene… el precio- Susurre y  volví coger aire para no desmayarme.

 

La romana sacó una pistola del mostrador, una de esas pistolas etiquetadoras que parecen armas espaciales, y comenzó a marcar como si ejecutara a cada una con un rayo exterminador; creí que me fulminaría a mí también cuando mi furia explotó incontroladamente y grite: “Ahora maldigo yo en español ¡hija de puta, mal follada, psicópata! Metete las plantillas en el coño, a tomar por culo… me voy…”. Y me fui.

 

 

 

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Consternado escribí la siguiente carta a una guía independiente de turismo europeo:

31 de agosto de 2016. Roma.

-La gran belleza de Roma solo es comparable con la grosería de su gente.

La capital italiana, con su masivo turismo inevitablemente perdido en una yincana urbanística ha conseguido que, en solo dos días, me haya sido irremediable escribir estas líneas.

Roma es, para mí, y en este momento como una modelo egocéntrica, es maravillosamente bella, abrumadoramente bella, brutalmente bella… y monumentalmente insufrible.

Solo tendría con ella una cita, haríamos el amor y no volvería a llamarla.

 

Tal vez mis vecinos italianos, rodeados de tanta belleza, de sus plazas adoquinadas, de sus famosas fuentes, talladas por genios, de aguas frescas y cristalinas, casi mágicas y de  sus innumerables y majestuosas  iglesias que aparecen  por sorpresa detrás de un misterioso e invisible telón que cae para deslumbrarlos, impactarnos e incluso paralizarnos con una nueva más suntuosa aún, con frescos en las paredes y en el techo;  frescos aquí y allá, frescos en todas partes, “frescos” hasta la extenuación, han olvidado el carácter y humor mediterráneo que tanto nos caracteriza y por el que también se nos conoce.

También me gustaría decirles a mis vecinos romanos, con la esperanza de que me ayuden a redimir mis malos pensamientos hacía ellos y su ciudad, que en mi opinión, la de un simple turista, uno de los tantos millones que mantienen estas ruinas, una ciudad no solo la forma y la hace la ciudad en cuestión, una ciudad la forma y la hace, también, su gente, y en este caso y valorando la premisa tengo que decir que Roma, no están bonita como cuentan.

FIRMADO: M.M.

Avistamiento de ovnis en las playas de la Carihuela.

 

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SERIE M OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

 

 

DENTRO DEL CINE. MOISÉS MARTÍN.

COMIENZA SERIE M, CON UN VIAJE POR LA HISTORIA DEL CINE.

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DENTRO DEL CINE.

(Un corto periplo post-moderno de tres paradas).

SERIE M vuelve de vacaciones después de un largo, caluroso y creativo verano cargado de cine por todas partes; ha habido cine en las calles, en las discotecas, en los restaurantes, en las estaciones, ha habido tragicomedias en las galerías de arte, cine romántico en los trenes, cine fantástico en la ciudad, de terror en un caserío, de autor en el mar, de acción en los aeropuertos, cine porno en la cama… cine y siempre más cine en el verano más cinematográfico de SERIE M.

Moisés Martín: ¿Serie M, qué ha pasado este verano?

Serie M: De todo.

MM: ¿Qué has hecho?

SM: Desaparecer, aprender, procurarme amantes para el invierno cual disciplinada hormiguita obrera, y crear. Este último ha sido, como puedes imaginar, inevitable.

MM: Me interesa lo inevitable.

SM: Ha sido inevitable, por las altas temperaturas, la literatura basura, un cuento pornográfico en la línea de John Waters, la Patty Diphusa, de Pedro Almodóvar y el escándalo narrativo de Capote, en Plegarias Atendidas…

MM: Cuéntamelo todo, ¿de qué trata el cuento?

SM: Es la historia de un veinteañero que vive en el barrio de Malasaña. En una calurosa noche de agosto, en la que es imposible dormir,  buscará  desesperadamente una habitación divinamente acondicionada. En su búsqueda por los ansiados 20 grados vivirá alucinantes, fantásticas, morbosas y peligrosas aventuras que el protagonista, al igual que el lector, exprimirán hasta la última palabra.

MM: Estoy deseando leerlo, ¿Cuándo lo publicaras?

SM: La fecha de publicación es un secreto. No dejéis de entrar en mí, y el día menos pensado os llevareis una sorpresa.

MM: ¿Cuál es el titulo del relato?

SM: El sueño de una calenturienta noche de verano.

MM: ¡En el fondo eres muy clásica!

SM: Sí, en el fondo.

MM: ¿Qué más ha pasado este verano en SERIE M?

SM: Nuestra queridísima amiga alienígena Marieta Lee Cooper regresa de su planeta para reventar en nuestra cara con todas las reflexiones y percepciones que la extraterrestre sintió mientras trabajaba contigo en la campaña de recaudación de crowfunding.

MM: Adoro a Marieta, ser la mujer más mala de la galaxia la convertirá en toda una heroína.

SM: Con la lengua, aún, más larga; la irreverente vuelve a conducir nuestro noticiero favorito con un nuevo monologo titulado Filantro-pop.

MM: ¿Qué más va ha ocurrir este año en seria M?

SM: Lo más esperado, lo más deseado, el seguimiento paso a paso del rodaje de tu cortometraje DENTRO DEL ARMARIO, que dará comienzo el quince de octubre. El pistoletazo de salida a la pre-producción sonó ayer, todo el equipo esta en marcha y trabajando para el ansiado momento en que grites acción.

MM: Tarde, pero seguro, se encenderán los focos que inundarán de magia el quinto trabajo de LOS DESESPERADOS;  el corto más ambicioso, el más serio, en producción que no en contenido, en fondo que no en forma; del que más estoy aprendiendo, y no solo profesionalmente; y el que he puesto, en todos los sentidos, toda la carne en el asador. Después de más de un año, DENTRO DEL ARMARIO es, para nosotros, mucho más con un corto.

SERIE M y un servidor nos hemos unido este verano para arrancar este rodaje con un viaje por la historia del cine. Tres paradas a lo largo de más de cien  años, escogidas superficial y frívolamente, valorando exclusivamente la estética y la belleza de la época en cuestión. Pura posmodernidad para DENTRO DEL CINE.

SM: ¿Cuáles son esas paradas?

MM: La primera parada: El cine clásico americano. Billy Wilder. Con faldas y a lo loco. Marilyn Monroe. Los guiones escritos en cafeterías; el humo de los cigarrillos, los martinis secos. El color beige. El plano secuencia. Bette Davis. ¿Qué fue de Baby Jane? Las niñas prodigio. BIENVENIDOS AL HOLLYWOOD DORADO.

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MM: Segunda parada: Cine clásico italiano. La Dolce Vita. Fellini. Anita Ekberg. Sofia Loren. Gina Lollobrigida. Sicilia. La mafia. El padrino. Los funerales. La familia. Las gitanas. Los patios. La vendimia. Las flores. La mantilla. El rosario.

BIENVENIDOS AL CINE ITALIANO.

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MM: Tercera parada: Otro cine. El pop. La Warhol. Jasper Johns. La publicidad. Nike. El consumismo bestial. La narrativa postmoderna. Quentin Tarantino. Pulp Fiction. La comida basura. Cocacola. David Lachapelle. Amanda Lepore. Shortbus. Hedwid and the Angry Inch. John Cameron Mitchell. El viejo Sundance. Jeff Koons. La Cicciolina.

BIENVENIDOS AL CINE UNDERGROUND.

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MM: Esto ha sido el principio de mucho más cine en SERIE M. Ahora me despido, ansioso por empezar a rodar. Nos vemos muy pronto en DENTRO DEL ARMARIO. Gracias cinéfilos.

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Fotografía………Olga De Lifetriumph.

Revelado………..Sirai De Lifetriumph

Modelos…………Adele Eddi Nsoni.

                          Helena Lyly Nsonic.

Un atrevido que también sale en la foto……….. Un servidor.

Estilista………….Virginia Aguilar.

Maquillaje…………Silvia Villalba Soler.

Peluquería………… Pilar Moreno.

          AGRADECIMIENTOS:

Marioteo.

Cafetería Don Premio.

Una producción de Pilar Moreno para LOS DESESPERADOS.

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SERIE M OS DESEA UNA SEMANA DE CINE.

Minientrada

Los Desesperados

 

Hoy publico uno de los primeros relatos que escribí, y aunque  tengo un profundo respeto a escribir literatura, mi naturaleza osada me llevó, hace años, a escribir este relato titulado:

Un violín sin cuerdas.

Se llamaba francisco,  pero siempre lo habían llamado Paco;  tenía 48 años, aunque había envejecido de golpe hacía tiempo y parecía mucho más viejo. Nunca fue muy alto y a medida que pasaban los años había ido encogiendo hasta el punto de convertirse en un pequeño hombrecillo. Tenía barriga que según el día se hacía más grande o más pequeña; había días que se le hinchaba tanto que incluso parecía estar embarazado. Verle resultaba gracioso, sólo por lo de la tripa. Tenía una espesa cabellera rizada poblada en su mayoría por canas amarillentas. Llevaba barba y usaba gafas, unas viejas gafas cuyos cristales empañados ocultaban unos pequeños y arrugados ojos marrones.

Paco, vivía solo en una enorme casa cuyo mobiliario había ido desapareciendo poco a poco hacía ya algún tiempo. Aún se apreciaba las cosas qué hubo en el pasado y que ahora faltaban: la televisión, que había dejado una marca casi perfecta en la madera picada del mueble bar, o el microondas, que había quemado la encimera de la cocina, la ausencia de colchones encima de los somieres, las bombillas desnudas, algunas incluso fundidas desde hacía meses, las marcas amarillas en las paredes, creadas por cuadros colgados durante años. Una grieta que se dibujaba por todos los muros de la casa, provocada, mucho tiempo atrás, por un terremoto. Por aquel entonces, Paco,  intentó taparla; probó con yeso, con cemento cola e incluso con cemento del duro; pero la grieta reaparecía una y otra vez, con los años se hizo más grande. A veces, Paco, seguía la grieta con el dedo sobre ella y tenía la sensación de que la casa estaba a punto de partirse en dos, pero eso ya no le importaba.

Los últimos quince  años había trabajado como vigilante nocturno de una empresa tabacalera, después de que la orquesta a la que perteneciera  se rompiera por falta de trabajo. Paco, tocaba el violín, de joven soñaba con ser un gran violinista y tocar en los mejores teatros. Pero tras la disolución de la banda musical sólo tocaba en los eventos culturales  que se celebraban en su barrio,  pero eso duro poco tiempo; después guardo el violín en un viejo baúl y no volvió a cogerlo, exceptuando algunas ocasiones cuando llegada del trabajo y se quedaba solo, entonces cogía el violín, cuidadosamente lo sacaba de su funda, acariciaba la brillante madera con extrema delicadeza, lo limpiaba, suavemente, durante un largo rato. Se sentaba en la cama y erguido tensaba las cuerdas. Afinaba el instrumento. Lo colocaba en su cuello encima del hombro derecho, apoyaba lentamente la cabeza en él, cerraba los ojos y comenzaba a tocar.

Un día, como siempre a las siete  de la tarde,  Paco,  estaba acostado, inmóvil, panza-arriba y con los ojos abiertos de par en par. El despertador comenzó a sonar, hacía un ruido espantoso, parecía el silbido de una vieja locomotora de vapor pero más agudo e intermitente;  a Paco parecía no molestarle, incluso parecía no oírlo. Sonó varias veces. Se levantó, y tranquilamente lo apagó. Abrió el armario, había dos perchas: una vacía, de la otra colgaba un par de prendas envueltas en una bolsa de la tintorería del barrio, quitó la bolsa, cogió el pantalón, era gris, se los puso. Después siguió con la camisa, también era gris.

Cuando llegó al trabajo fue informado, inmediatamente, del despido de Juan, su compañero durante 8 años del turno día y le presentaron a Esther, la nueva empleada. Paco,  miraba de forma rara los cabellos rizados como muelles que colgaban de la cola de la chica. Ella se acercó a él y le planto de simpáticos besos, uno  por cada mejilla, justo en ese momento un caprichoso mechón de pelo se escapó del moño y rozó, levemente, el rostro de Paco. Él, irremediablemente, olio los cabellos. Se acordó de Isabel, su esposa, de lo que le gustaba su olor. De cuando iban a veranear al pueblo y al anochecer daban largos paseos por el camino del Balneario. El olor a eucalipto, el sonido de sus hojas meciéndose al antojo de una brisa acompasada…y el intenso olor a jazmín en la plaza del pueblo. Las mujeres mayores acostumbraban a ponerse un ramillete de flores en el pelo; ella también lo hacía. Se soltaba la melena y colocaba, con arte, la biznaga encima de la oreja. Él la miraba embobado y pensaba que estaba preciosa, pero nunca se lo dijo, a pesar de que  adoraba los cabellos ondulados de su mujer.  Recordó cuando se sentaba en una de las sillas de nea que había en el patio, ella entraba por la puerta de la cocina  con una toallas envuelta en la cabeza, se sentaba junto a él, se quitaba la toalla y dejaba caer los cabellos, húmedos, sobre la espalda semi-desnuda. Se cepillaba el pelo, se desenredaba suavemente desde las puntas hacia arriba; a veces aparecía algún enredo complicado, pero ella, lentamente,  y con mucha paciencia lo deshacía. Él la miraba en silencio y pensaba que tenía mucha suerte.  Aquel día cuando su mujer se retrasó, él supo que pasaba algo y, cuando sonó el teléfono tuvo miedo a contestar. Un conductor borracho había atropellado a Isabel y había muerto en el acto.

Esther, la nueva empleada, se marchó agitando la cola.  Paco bajo al sótano y camino  hacía la cabina de seguridad. Sus pasos hacían eco en el largo y oscuro  pasillo donde desembocaban las salidas de ventilación y por donde se colaban extraños ruidos y sombras. Al final del túnel una escuálida puerta dejaba pasar un estrecho y apagado rayo de luz. A medida que se acercaba comenzaba a oírse una música, que se hacía más  clara según iba avanzando. Eran “Los 24 caprichos”  de Paganini,  entró en la cabina y durante unos segundos el pasillo de inundo de luz, luego volvió la oscuridad. Una pequeña radio estaba encima de la mesa. Paco se sentó mirando el aparato y oyendo la música. Hacía años que no oía esa pieza. Fue la primera que tocó ante un público, todavía podía sentir el sudor en sus manos mientras tocando aquel viejo violín,  que le había regalado su profesor. Se acordó del suyo y de su hijo –“¿Qué habrá sido de él?”-pensó. La emisora empezó a tener interferencias con un canal de Rock, ambas se perdieron en un incesante ruido hasta que finalmente todo quedó en silencio.

 

De vuelta a casa tuvo una sensación muy extraña, luego todo volvió a la normalidad. Como era habitual,  Paco,  caminó las veinte manzanas que había hasta llegar a su barrio. Una vez allí volvió a sentir algo extraño. Los vecinos lo miraban  y el panadero incluso le dio los buenos días; Paco, asombrado, asintió con la cabeza. Luego entró en su portal y subió las escaleras. Cuando llegó al sexto piso descubrió que la puerta de su casa estaba abierta, pero la cerradura no había sido forzada. Un escalofrío recorrió su cuerpo, después de unos segundos observando la puerta entre-abierta, entró en silencio, cerró  e hizo un recorrido visual hasta donde su vista alcanzaba. Siguió por el pasillo con el dedo encima de la grieta, cuando de repente oyó una voz que dijo: “Papa”. Se apoyó en la pared y giro lentamente la cabeza en la dirección a la proveniencia de  la voz. Parecía su hijo, al menos llevaba la misma ropa con la que se marchó dos años atrás, le quedaba grande, había adelgazado muchísimo. Su piel era casi transparente y verdosa a la vez; tras ella se podía contar cada vena, cada tendón, cada hueso. Unas interminables ojeras enmascaraban su rostro; bajo ellas,  Paco,  descubrió al niño que fue su hijo, se acercó a él lentamente y el joven bajo un incesante tembleque volvió a repetir: “papa”.  él cayó sobre Paco y éste abrazo a su hijo dentro de aquel extraño. Recordó  el día en que nació, lo recordó  como el día más importante de su vida. Les cogió por sorpresa, todos esperaban la llegada del pequeño Raulito a partir del día diecinueve, pero el niño se adelantó y  vino al mundo catorce días antes. A pesar del nacimiento prematuro, el matrimonio estaba preparado a conciencia para la llegada de su primer hijo: un moisés, el cochecito, un móvil con violines de colores…todo lo necesario. Después de cinco horas de parto  nació el pequeño Raúl, abrió los ojos nada más nacer,  eran grandes como platos, de un color indefinido y llenos de vida. El bebe miró fijamente a Paco, éste parecía a punto de echarse a llorar;  pensó que era el niño con la cara más bonita que había visto nunca. Cuando tuvo a su hijo en los brazos le invadió una sensación que nunca antes había tenido, no supo cómo explicarlo,  pero en ese momento,  Paco,  sintió  que había descubierto algo muy importante.

Dijo su primera palabra cuando tenía once meses; miro a su padre, abrió su redonda y pequeñita boca entre dos infladas y sonrojadas mejillas, y dijo, dejando ver los dos únicos  dientes que tenía: “voli”. Paco, estaba seguro de que había querido decir violín y desde ese día tocó todas las tardes para Raulito. El niño lo miraba embobado mientras él acariciaba el instrumento, Le gustaba la música, le relajaba, porque después de un rato escuchándola se quedaba dormido profundamente. Entonces, Paco,  dejaba de tocar, se sentaba junto al moisés y se quedaba observándolo durante horas; a veces, Raulito,  sonreía mientras dormía ¿Qué pasará por la cabecita de un bebe para que le haga reír en sueños? –pensaba Paco.

Quiso que su hijo siguiera sus pasos, pero cuando el niño creció descubrieron que no tenía talento para la música. En cambio había algo en lo que sí era bueno; el niño corría como el viento y se pasaba el día de aquí para allá a toda velocidad; a Paco,  le divertía la afición del niño por desaparecer en segundos, en cambio Isabel,  no ganaba para disgustos ni riñas.

–“Déjalo mujer, déjalo correr”- decía Paco. Pensaba que si al niño le gustaba tanto eso del deporte, podría convertirse en un gran atleta y lo inscribió en el campeonato de atletismo de la ciudad. Los meses siguientes los dedico a ayudar a su hijo con el entrenamiento, todas las tardes iban al descampado que había detrás de casa; Paco lo miraba mientras el niño corría desafiando al viento que golpeaba su cara y agitaba, con rebeldía, sus cabellos dorados.

–“Corre hijo, corre”- gritaba Paco. Y el niño más corría, tanto que parecía a punto de echar a volar. Gano el campeonato, quedó el primero y con diferencia. Semanas depuse fue seleccionado para representar a su ciudad en el campeonato nacional. Isabel y Paco estaban orgullosos y cuando llegó el gran día estaban más nerviosos que el propio Raulito. Faltaban unos segundos para que comenzara la carrera. Ella se santiguo, Paco la miro incrédulo, luego hizo lo mismo. Los participantes estaban preparados,  Raulito era el número siete. Dieron el pistoletazo de salida;  Raulito iba el quinto, corrió y corrió, en pocos segundos adelantó hasta el tercer puesto. Paco lo miraba con los ojos fuera de las orbitas. El niño corrió hasta colocarse el primero; sus pies se movían a una velocidad sobre-humana, parecía no pisar el suelo, cuando de repente se elevó y quedó suspendido en el aire. El pie izquierdo tropezó con el derecho y se estrelló contra la pista. Perdió la carrera. Raulito, avergonzado, se levantó y en un ataque de rabia contenida cerro las manos con fuerza, Paco vio como se habían transformado en  puños y le dolió que las manos de su hijo ya anticipara la dureza de la vida.

Semanas después cuando Paco llegó a casa, se encontró con Raúl sentado en el sofá mirando la tele. Se sentó junto a él y le preguntó: “¿Qué te pasa, Raulito?”. El niño con la voz entrecortada  dijo: –“nada, papa.”

–“No has vuelto a correr desde la carrera”. Exclamó  Paco.

–“Es que…ya no me gusta correr”. Contesto Raulito mirando hacía el suelo.

–“¿Ah no, y eso…por qué?” Le preguntó Paco.

–“Ahora prefiero estarme quieto”. Respondió sin levantar la mirada.

–“¿Quieto? ¡Pero si de pequeño teníamos que atarte a la silla para darte de comer!” Contestó Paco sorprendido. El niño, en silencio, se encogió de hombros. Paco, cerró los ojos un instante, después los abrió de golpe y dijo: “vaya, justo ahora que necesitaba tu ayuda”.

–“¿Mi ayuda?” Pregunto Raulito. Paco lo miro a los ojos y dijo: “si, tu ayuda, veras hijo, es que…tu madre…me mandó a comprar el pan…pero  se me olvidado, la tienda está a punto de cerrar y el único que puede llegar a tiempo eres tú, porque tú eres el más rápido de los tres; el niño miró a su padre.

–“¿Vas a ayudarme?” Volvió a preguntar Paco.

–“Si papa, voy ayudarte”. Respondió el niño; luego se puso las zapatillas y salió corriendo.

Una tarde, años después, Paco fue al centro comercial, subió hasta la planta de deportes y compró las mejores deportivas, para carreras, que el dependiente la había aconsejado. Luego fue al centro deportivo, quería dárselas a su hijo delante de todos sus compañeros. Cuando llegó echo un vistazo por todo el campo pero no vio a Raúl. Pensó que quizá estaría en los vestuarios. Vio a un chico que corría, solo,  por los laterales del campo y le pregunto por Raúl; pero el chico no lo conocía; Paco,  pensó que el joven seguramente no sería un buen corredor o por lo menos no tan bueno como su hijo. Se acercó al entrenador y éste le dijo que Raúl hacía dos meses que no venía a correr. Se marchó a casa agitando las deportivas dentro de la bolsa de plástico. Le contó lo ocurrido a Isabel. Ella ya lo sabía y había ayudada al niño a guardar el secreto. Esa noche, Paco, se fue a la cama muy temprano, pero no podía dormir, cuando se mujer entro en la habitación,  él,  se hizo el dormido, ella,  sabía que fingía y se colocó delante de él, entre la cómoda y el butacón. Sacó la pierna desnuda entre la abertura de la bata y la posó en el asiento. Esparcía con delicadeza la crema hidratante por los muslos mientras tarareaba una vieja canción de amor, Paco la miraba de reojo simulando que estaba dormido. Ella comenzó a untar la loción por los glúteos. Paco abrió los ojos y dijo: “¿quieres que lo haga yo?”. Isabel lo miro, puso la pierna en la cama, junto a él, y le dio el bote de crema.

Era el 18 cumpleaños de Raúl e Isabel se había pasado toda la tarde en la cocina preparando una cena especial para los tres. Paco,  en cambio,  había estado toda la tarde intentando comprar el regalo para  el niño. Días atrás habían tenido una pequeña discusión sobre su futuro. Así que ahora quería sorprenderle con un regalo muy especial. Finalmente se decidió por un chándal oficial de la selección de baloncesto. Cuando llegó a casa le enseño el regalo a Isabel, ella lo miro con lastima y enseguida se le ocurrió una idea. Después de la cena, a continuación del pastel, le dieron los regalos al niño. Paco le regalo la colección completa de una serie de televisión sobre extraños misterios; le encanto, era lo que quería. Al regalo de Isabel, el chándal, no le presto mucha atención. Más tarde padre e hijo se pusieron a ver los primeros capítulos de la serie. Raúl la explicaba,  a Paco,  algunas cosas sobre los misterios que a él se le escapaban. Mientras,  Isabel,  recogía la mesa y escuchaba de pasada las conversaciones que mantenían. De vez en cuando los miraba y le hacía gracia.

El día que regreso su hijo todo cambio; a la mañana siguiente,  Paco,  se levantó temprano para hacer la compra; no solo comida, también compró ropa nueva para el niño y un colchón, que lo traerían en unos diás, mientras tanto tendrían que seguir durmiendo juntos en la única cama de la casa, una individual. Llegó a casa y empezó a cocinar, había comprado todos los preparativos para hacer unas lentejas, que era el plato favorito de Raúl, puso la mesa,  abrió las ventanas por donde se coló la luz del día la cual hacía años que no entraba. Raúl se levantó, se dio una ducha y se puso la ropa nueva que le había comprado su padre. Ahora tenía mejor aspecto. Paco sirvió las lentejas, se sentaron a la mesa y comenzaron a comer. Ninguno dijo nada,  pero los dos recordaron  las lentejas que preparaba Isabel. Después de la comida,  Paco, le pregunto a Raul: “¿Has vuelto a correr?”.

–“¿Y tú, has vuelto a tocar?”

Varios días después,  cuando Paco,  regresó a casa,  descubrió la puerta de la habitación cerrada. La abrió lentamente con mucho cuidado y miró, con sigilo, por la abertura. Raúl estaba tirado en la cama, una goma elástica le cortaba la circulación; la vena se dibujaba palpitante y azul por el antebrazo. Un pico de heroína brillaba en una cuchara. La potente llama de un encendedor transformó  la sustancia en líquido y una jeringuilla la transportó  desde la cuchara  hasta su brazo. La aguja, larga y fría, penetró en la vena, ansiosa, lentamente. Raúl hizo un extraño ruido y cayó, como muerto, en la cama. Cuando despertó fue al salón y se sentó junto a su padre; no se dijeron nada, ni una sola palabra hubo entre los dos aquella tarde. Pensó,  Paco,  que si hubiera estado Isabel, todo hubiera sido diferente. Días más tarde Raúl estaba muy nervioso. Le pidió dinero a Paco,  pero él le dijo que no tenía y después se fue a trabajar. Cuando  llegó a su casa descubrió que el baúl donde guardaba el violín había sido registrado y que el violín había desaparecido. Corrió a la habitación, abrió la puerta de golpe y hayó a su hijo tirado en la cama, con una jeringuilla que le colgaba de la vena y por donde se derramaba un hilo de sangre. Paco lo miró inmóvil, luego se acercó a la cama y se tumbó junto a su hijo.  A la siete de la tarde, como siempre,  sonó, el espantoso ruido del despertador. Paco y Raulito,  nunca más volvieron a levantarse.

 

sin negrita (1)

“Serie M” os desea una semana de cine.

 

Serie M. “Un violín sin cuerdas”. De Moisés Martín.