Siempre es domingo en París.

Los Desesperados

Siempre es domingo en París.

Memoria explicativa.

Hace un año más o menos tuve que huir del país por miedo a que una banda de atracadores árabes tomaran represalias contra mí  por haberlos denunciado a la policía. Pensé que París sería un buen lugar donde esconderme. Llegue a la capital francesa, el segundo día quise ir a la plaza de Saint Pierre,  en Montmartre,  para ver el carrusel de la francesísima película “Amélie”, pero al llegar al barrio turco, apoyada en una de las columnas de arco de hormigón observé a una travesti gigante,  que bebía a morro de un tetrabrik de leche semidesnatada;   la secuencia se me antojaba absolutamente cinematográfica,  e inevitablemente me acerqué y hablé con ella. Se presentó como Francesca, y resultó  ser compatriota española y malagueña, como yo.  Me dijo que estaba esperando a un hombre y después de diez minutos hablando sentí, arriesgo de ser abofeteado por una de esas manos gigantes , que podía preguntárselo: “¿Eres puta?”

-No cariño, soy bróker de bolsa en los países islámicos- dijo sin inmutarse.

Avergonzado le pedí disculpas, y me justifique argumentando: “Al decir que esperabas a un hombre, pensé que era un cliente,  y lo del tetrabrik,  puro espectáculo para atraer a la clientela”.

-A quien espero es a mi novio, que llega medio hora tarde- contestó Francesca; y siguió: “Y el cartón es solo que no hay bebida en el mundo que me guste más que la leche semidesnatada.

Después de contarle el por qué de mi periplo, y en vista que de que su novio no aparecía  y que el frio empezaba a congelar las piernas, como columnas y cubiertas por unas ligeras medias  de color malva, de Francesca, me invitó a su casa. Vivía en un moderno, pintoresco y desordenado ático abuhardillado en el centro de  Le Marais. Me compré una botella de vino que bebí sorbo a sorbo mientras escuchaba las divertidas  y cinematográficas historias de aquella travesti parisina,  adicta a los lácteos.  Hablamos de todo, Francesca me contó que había viajado por casi todo el mundo, pero sobre todo por los países islámicos, porque los árabes, y cito textualmente: “Me ponen súper cachonda”. Era curioso que yo,  hubiera dejado mi país huyendo de una banda de árabes,  y ella,  se hubiera recorrido el mundo en busca de ellos. También  habló del amor, de cómo conoció a su novio, y entonces el escaso dialogo se convirtió en un monólogo: “Conocí a mí  novio hace dos años, cuando una noche, travestida de Francesca y acompañada de mi amiga, italiana, a la que todos llamamos  La Madame-drama, nos fuimos a uno de los cines porno del boulevard de Clichy,  cerca del Moulin Rouge. Nada más entrar  observe a un indio, muy varonil, de manos encallecidas y piel seca como la  lija, era bruto como un arado, me puso cachonda como una perra, supe que era para mí, me acerca a él  y vi a una travesti escuálida haciéndole una felación, por respeto a la huesuda me senté y esperé a que terminara, después me acerqué y le dije: “Soy Francesca, y voy a comerte la polla, y mi amiga va a comerte los pies, ¿qué te parece?” El indio asintió con la cabeza y desde entonces estamos juntos, dos años ya, parece mentira,  pero eso sí, yo que siempre he sido muy generosa, de vez en cuando comparto los pies de mi marido con mi amiga La Madame-drama.

Estaba fascinado,  las historias eran tan increíbles que por un momento pensé que me estaba mintiendo, e inevitablemente me  enamore de ella, ya que siempre he dicho que prefiero que me mientan a que me aburran.

Durante mi estancia en París, Francesca,  se convirtió  en mi guía, mi escuela y mi amiga, nunca antes había conocido a nadie tan libre, a lo largo de mi vida aprendí a no juzgar a nadie, pero aquella travesti hablaba sin juzgarse a sí misma,  y aquello era algo que yo,  aún, no había aprendido.  Fue tan inspirador y tan inspiradora que no pude evitar rodar, con un móvil, entre París y Madrid, “Siempre es domingo en París”  el tráiler de una película que no existe, una comedia sobre una desesperada huida, un inesperado encuentro,  un sueño inalcanzable, un maletín lleno de dinero falso y mucho, pero que mucho sexo.  Convirtiéndose  en un pequeño homenaje  a las personas auténticas gracias a lo artificial, a las mujeres y hombres que no son biológicas  y por supuesto, como no, al travestismo en todas sus vertientes, y en especial a las personas que son y dejan ser, sobre todo a mi amiga Francesca, la travesti parisina.

sin negrita (1)

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